A ver, deja de hacerte el santo o la santa cuando sabes perfectamente que también tienes tu lado bien mañoso. Sabes fingir sentimientos cuando te conviene, sabes mover las piezas a tu favor y eso te ha servido para conseguir lo que quieres, pero tampoco te hagas el que todo es buena intención, porque muchas veces juegas con fuego sin medir consecuencias.
Tu carácter es fuerte, dominante y no cualquiera te aguanta, eso es una realidad. Cambias de humor de un momento a otro y luego ni tú mismo te entiendes. Un día estás todo entregado y al siguiente ya no quieres saber nada de nadie. Esa bipolaridad emocional te ha metido en más de un problema, sobre todo en relaciones donde la otra persona no sabe ni cómo tratarte.
Has pasado por una etapa donde dejaste de creer en la gente, y no es para menos. Te han fallado, te han quedado mal y te han demostrado que no todos tienen los mismos valores que tú. Por eso ahora buscas algo más seguro, más estable, algo que no te haga perder el tiempo. Ya entendiste que el amor eterno no siempre existe y que todo tiene un ciclo, aunque te haya costado aceptarlo.
No te cuesta decir las cosas como son, y eso puede ser una virtud… o un problema. Porque una cosa es ser directo y otra muy distinta es ser hiriente. A veces hablas sin filtro, sin pensar en el daño que puedes causar, y luego ni te tomas el tiempo de pedir disculpas. Te cuesta mucho reconocer cuando te equivocas, porque el orgullo te gana.
También tienes esa costumbre de querer hacer justicia por tu propia mano. Si alguien te la hace, tú se la regresas con intereses. Y sí, puede sentirse bien en el momento, pero eso solo te mantiene atrapado en el mismo ciclo de coraje. No todo se resuelve cobrando venganza, a veces se trata de soltar y dejar que la vida se encargue.
Tienes bien claro que quien quiera estar contigo va a tener que ganárselo. Ya no te enredas con cualquiera ni pierdes el tiempo en relaciones sin sentido. Y eso está bien, porque aprendiste a valorar tu tiempo y tu energía. Pero tampoco te cierres tanto, porque puedes dejar pasar oportunidades buenas por miedo a que te vuelvan a fallar.
No eres monedita de oro y eso lo tienes clarísimo. Ya no te preocupa lo que digan o piensen de ti, porque la vida ya te enseñó que no puedes quedar bien con todos. Y haces bien, porque quien habla de ti muchas veces ni te conoce.
Eres dominante, te gusta tener el control y no toleras fácilmente los errores de los demás. Pero aquí viene lo importante: eres igual o más duro contigo mismo. Te exiges demasiado, te juzgas sin piedad y rara vez te reconoces lo bueno que haces. Y así tampoco se vale.
Necesitas aprender a tenerte un poco de compasión. Porque si tú no te das ese trato, nadie más lo va a hacer por ti. No todo es exigencia, también necesitas aprender a reconocer tus avances.
En el amor, estás en una etapa donde quieres algo real, pero también donde puedes sabotearlo si no bajas la guardia. No todo el mundo viene a fallarte, pero si sigues pensando así, tú mismo vas a cerrar las puertas.
Y aquí va la neta: no todo se trata de tener el control… a veces también se trata de aprender a confiar, pero con inteligencia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario