Hay gente que no te llama para saber cómo estás, sino para descargarte encima el último pleito de su vida y colgar en cuanto se siente mejor. Tú terminas con la cabeza hecha nudo mientras esa persona ya está subiendo estados sobre lo bonita que es la paz. Aguas con convertirte en el servicio de atención a dramas ajenos: escucha cuando puedas, pero aprende a decir «hoy no traigo cabeza para esto». Tu amistad vale mucho más que un buzón abierto las veinticuatro horas.
También te toca revisar a quién sigues llamando amigo por pura antigüedad. Si alguien te ha contado tres versiones distintas del mismo chisme, ha divulgado lo que le confiaste o solo se aparece cuando necesita un favor, no necesitas organizarle una cuarta oportunidad con ceremonia y pastel. Los recuerdos buenos existen, pero no pagan los daños nuevos. Aléjate sin montar una despedida en redes; basta con dejar de compartirle asuntos íntimos y de correr a resolverle cada urgencia inventada. Ese tiempo puedes usarlo para conocer personas con las que la conversación no parezca interrogatorio ni competencia de desgracias.
Una invitación a fiesta, reunión o evento puede ponerte de buen humor. Ve, estrena algo que te guste y baila aunque digas que nomás ibas a saludar. Nada más no compitas con el tío que presume aguantar seis tragos y después pierde hasta el zapato. Come antes, alterna con agua y decide cómo vas a volver a casa. Si el ambiente se pone coqueto, pregúntate si de verdad te atrae esa persona o si fueron las copas las que le pusieron filtro de galán. Puedes pasarla sabroso y despertar al día siguiente con tus decisiones, tu cartera y tus calzones donde tú elegiste dejarlos.
Si tienes pareja, este periodo puede servirles para hablar de algo más serio: compartir gastos, hacer planes juntos o incluso pensar en un compromiso. Pero una relación no se fortalece con anunciarlo en Facebook mientras en privado se hablan a gritos. Pregunta qué espera cada quien, escucha la respuesta completa y pon sobre la mesa aquello que vienes callando para evitar discusiones. Tu pior es nada no lee la mente, aunque a veces tú exijas que adivine hasta por qué azotaste la puerta. Una salida tranquila o una conversación sin teléfonos puede mostrarles si todavía saben hacer equipo fuera de los momentos de pasión.
Cuida tu carácter cuando algo te moleste. Tienes derecho a señalar una falta de respeto, pero lanzar la frase más hiriente solo para ganar la discusión deja un desastre que luego ni con flores se recoge. Di exactamente qué conducta te incomodó y qué cambio necesitas. Si la otra persona escucha y actúa, ahí hay terreno para construir; si se burla de tus límites o repite lo mismo, no te rebajes a pedir cariño como si estuvieras solicitando un préstamo. Querer mucho a alguien no te obliga a aceptar migajas envueltas en promesas bonitas.
Y recuerda algo, Tauro: tu bondad se nota más cuando también la usas contigo. Antes de prestar dinero, cancelar un plan propio o contestar otra llamada de emergencia, revisa si realmente puedes hacerlo y si te nace. Un «no» dicho a tiempo evita semanas de resentimiento. Busca compañía que sepa celebrar contigo sin pedirte algo a cambio; vas a comprobar que la amistad buena no pesa, ni siquiera después de una noche larga de baile.

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