Si todavía te duele recordar a esa persona con quien terminaste mal, ya necesitas comenzar a mover ciertas piezas de tu vida para dejar de alimentar una historia que terminó hace rato. No puedes exigirle al corazón que olvide mientras sigues visitando los mismos lugares, escuchando las mismas canciones, revisando fotografías y entrando a sus redes “nomás para ver qué ha puesto”. Así no estás cerrando el ciclo, estás dándole mantenimiento al difunto.
Cambiar de aires podría ayudarte muchísimo. No necesariamente significa agarrar tus tiliches y mudarte a otro estado; puede ser cambiar rutinas, frecuentar lugares diferentes, conocer gente nueva y quitar de tu vista aquello que constantemente te conecta con esa persona. El objetivo no es borrar lo vivido, porque tampoco tienes memoria USB para formatearla, sino conseguir que llegue el día en que recuerdes sin sentir ese madrazo en el pecho.
Y mucho cuidado si esa persona vuelve a aparecer cuando note que estás avanzando. Hay gente que tiene un radar muy cabrón: cuando te ve sufriendo ni sus luces, pero cuando comienzas a recuperarte manda un “hola, ¿cómo has estado?”. Antes de responder, recuerda exactamente cuánto trabajo te costó volver a estar bien.
En cuestiones económicas necesitas dejar de gastar en puras chingaderas. Traes facilidad para convencerte de que “te lo mereces” y terminas comprando cosas que tres días después ni recuerdas dónde dejaste. Si no lo necesitas, no lo compres. Podría surgir próximamente un gasto relacionado con casa, traslado o una responsabilidad personal, y agradecerás tener dinero guardado en lugar de andar buscando quién te complete.
También podría presentarse una oportunidad que requiera una respuesta relativamente rápida. No significa aventarte con los ojos cerrados, pero tampoco tardes una eternidad analizando hasta que alguien más se quede con ella. Algunas oportunidades no regresan con mariachi a preguntarte si ya lo pensaste. Investiga, compara y, si realmente te conviene, muévete.
En el amor, si tienes pareja, cuida mucho la manera en que estás demostrando tus sentimientos. Tu pareja podría interpretar cierta distancia, cansancio o cambios de humor como falta de interés. No des por sentado que sabe cuánto la quieres. El cariño que no se demuestra termina pareciendo indiferencia. Busca momentos para hablar, convivir y recuperar esa cercanía que las responsabilidades diarias pueden ir apagando.
También evita comportamientos que den pie a dudas innecesarias. Si sabes que determinada conversación, amistad o coqueteo puede generar problemas, no juegues con fuego y después preguntes quién chingados quemó las cortinas.
En amistades tendrás que aprender a distinguir antigüedad de novedad. Podría aparecer alguien reciente queriendo contarte cosas sobre personas que llevan años contigo. No permitas que una amistad de quince minutos destruya una relación construida durante mucho tiempo. Antes de creer comentarios con mala leche, pregunta directamente a quien corresponda.
Tampoco caigas en provocaciones. Algunas personas podrían descubrir que eres fácil de alterar cuando tocan determinados temas y utilizar eso para hacerte reaccionar. Tu mejor respuesta será no regalarles el espectáculo.
Esta etapa será para cambiar de ambiente, cuidar tu dinero y aprovechar oportunidades sin quedarte paralizado pensando demasiado. Lo que ya terminó necesita quedarse donde corresponde: atrás. No necesitas olvidar para avanzar; necesitas dejar de alimentar aquello que te impide hacerlo.
Vienen posibilidades de comenzar algo diferente, pero primero tendrás que hacer espacio. No puedes recibir lo nuevo con las manos llenas de recuerdos viejos. Suelta lo que ya cumplió su función, protege a quienes han demostrado estar contigo y aprende a reconocer una oportunidad cuando llegue. Porque la vida algunas veces toca dos veces, pero otras toca una sola y, si estabas ocupado revisando el pasado, se sigue derecho.

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