Deja de tomarte cada comentario como si fuera ataque personal, porque últimamente traes la sensibilidad más despierta que alarma de carro viejo y cualquier palabra que no te guste puede hacerte cambiar el humor. Necesitas aprender a diferenciar entre una crítica que podría ayudarte y una opinión pendeja que simplemente debes dejar pasar. No puedes controlar lo que la gente dice de ti, pero sí cuánto poder le das para alterar tu tranquilidad.
Centra tus energías en aquellos aspectos tuyos que realmente deseas mejorar. Si vas a cambiar hábitos, apariencia, forma de pensar o manera de relacionarte, hazlo porque tú quieres sentirte mejor y no para conseguir aprobación. Quien te quiera únicamente cuando cumples sus expectativas no te quiere a ti, quiere la versión que le resulta conveniente.
También bájale tres rayitas a ese carácter que algunas veces se te pone más cabrón que cobrador en quincena atrasada. Cuando estás de buenas eres capaz de alegrarle el día a cualquiera, pero cuando amaneces atravesado hasta quien respira cerca de ti corre peligro. Familiares y amistades podrían comenzar a cansarse de ciertas contestaciones. Antes de soltar el primer madrazo verbal, ponte tantito en los zapatos de la otra persona.
Precisamente un familiar cercano podría tenerte hasta la madre por su actitud prepotente, falta de humildad o costumbre de querer decidir asuntos que no le corresponden. No necesitas enfrentarlo haciendo un desmadre en la familia. Marca límites claros y después manténlos. A ciertas personas no se les enseña con discursos; se les enseña cuando descubren que ya no pueden hacer contigo lo que se les dé la gana.
En trabajo y proyectos personales tendrás que dejar la hueva disfrazada de “estoy esperando el momento correcto”. Si quieres algo, muévete. Una oportunidad podría abrirse mediante una conversación, recomendación o contacto, pero tendrás que demostrar interés y constancia. Nadie va a llegar a tu puerta con una charola diciendo: “aquí están tus sueños, joven”. Lo que no trabajes difícilmente crecerá.
En el amor, las relaciones a distancia podrían darte más dolores de cabeza que satisfacciones. Si estás conociendo a alguien que vive lejos y únicamente recibes promesas de “pronto nos veremos”, observa si existen planes concretos. No desperdicies meses recibiendo atole con el dedo de alguien que habla precioso pero nunca mueve una nalga para acercarse.
Si tienes pareja, mucho cuidado con permitir que familiares intervengan demasiado, especialmente si existe una suegra o figura familiar que acostumbra opinar, mandar o meter ideas. El problema no se arregla peleándote con ella; tu pareja es quien debe establecer límites con su propia familia. Hablen claramente sobre aquello que les incomoda y eviten convertir la relación en competencia de “tu familia contra la mía”.
Ahora viene lo sabroso: existe posibilidad de que una amistad comience a sentirse diferente. Una convivencia, salida o momento de confianza podría terminar en faje, beso o arrimón de esos que empiezan jugando y terminan dejando a uno pensando hasta mientras se baña. El verdadero riesgo no será lo que suceda esa noche, sino que tú desarrolles sentimientos y la otra persona lo considere únicamente calentura del momento.
Antes de cruzar esa línea pregúntate si estás dispuesto o dispuesta a cambiar la amistad por algo que podría no funcionar. Porque tú podrás hacerte el muy moderno diciendo “sin sentimientos”, pero cuando se te mete alguien al corazón acabas investigando hasta a qué hora estuvo en línea.
Estos días te enseñarán que tu energía necesita dirección, no aprobación. Trabaja en ti, controla el carácter, pon límites familiares y deja de esperar milagros mientras permaneces cruzado de brazos. Lo que verdaderamente quieres no siempre llegará solito: algunas cosas tendrás que salir a buscarlas y otras tendrás que tener los pantalones para dejarlas

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